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Arequipa


Rumbo a los 470 años

Yo no puedo decir: “No en vano se nace al pie de un volcán

Arequipa

No conocía la plaza, las calles, ni mi casa. Con mis ojos ni niño tímido, salí esta tarde confiado como un viejo torero. “Dios me guiará, él es mi camino, la luz y la vida”, repetía mientras daba mis primeros pasos. Esa tarde, Dios se olvidó de mí. Seis horas después me convencí que estaba perdido.

Ahora Arequipa cumplirá 470 años. Una bella ciudad, de cielo sereno y viento opaco, que sabe abrir sus puertas no sólo a engrandecidos visitantes, sino a frenéticos, pasivos y  locos ciudadanos. Yo soy uno de ellos, que llegó para perderse el primer día, en aquellas oscuras calles que ahora se han convertido en imborrables recuerdos de mi prolongada inmadurez.

Cumplidos apenas los 15 años, me convencí entonces que no hay mejor alternativa que emigrar a tierras extrañas o embeberse en literaturas de escritores peregrinos.

Pero aquella aparente tranquilidad de estar tumbado –con el trasero feliz y las patas arriba- en un colchón floreado, explotó cuando alguien dijo que es mejor estudiar para no ser como aquel vagabundo que orinó en un poste, levantando las manos, como un escuálido perro. ¡Ay Dios!

Vivía en Hunter y también en una academia, comía en la calle y estudiaba en algún parque. Y así pasaron los días, noches, inviernos y veranos.

Ahora me detengo nuevamente en esta hermosa plaza, viendo cómo esos niños juegan con aquellas palomas, color cielo nublado, apunto de llover. Y cómo aquel fotógrafo goza al escuchar el flash de su cámara, mientras señoras, jóvenes y ancianos posan sonriendo frente a la Catedral. Aquí, en el corazón de Arequipa, todo parece ser alegría. Hay un caricaturista que saca brillo a los rostros magullados y hay un “Papa Noel” que grita al compás del semáforo.

Desde aquí, también se puede ver al Misti, soberbio, lleno de altivez y con su testa fría.

Así es Arequipa, que me abrigó cuando apenas era un jovenzuelo.

Cortesía de Jhon Díaz

Dejé mis paisajes helados para sentir tus suspiros y acariciar tu viento. Ahora cumples 470 años y sólo bastaron nueve años para convencerme que estoy en una de las mejores ciudades del Perú. Hasta mi sombra quiere -a veces- ser arequipeño. Pero yo, cual errante sin techo y abrigo, emigraré a tierras extrañas, junto a escritores peregrinos.

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5 pensamientos en “Arequipa

  1. Pedro Cabrera en dijo:

    lamentablemente invadieron a esta tierra personas no gratas… sòlo saben gritar, hacer huelga e impedir el desarrollo de Arequipa. A ellos se les deberìa expulsar… viva arequipa, viva el perù, viva el nacionalismo….

  2. Jorge Zárate en dijo:

    buena pluma… Arequipa es una ciudad hermoza. pero hay gente que destruye esta ciudad… dirigentillos como pachas, jeronimo lopez, etc… protestar y protestar, deberian trabajar…

    • Alguien dijo: “Arequipa es una ciudad de todos y para todos”. A veces los dirigentes abusan de sus protestas, pero a veces, reclaman algo justo. A veces nadie los entiende. En fin..

  3. Chimbote también es una ciudad de todos y para todos, ahí se da el ejemplo por excelencia de la mezcla de todas las sangres, pero en modo desordenado.

    Admirable tu tierra hermano, Arequipa tiene mucho desde sus orígenes hasta hoy, en Chimbote aún falta mucho por hacer.

    Un abrazo de tu bien enemigo TucuyRucuy.

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