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Hola, cómo estás…

Carta para ti

¿Aún te acuerdas de mí?… Yo sí, siempre pienso en ti, quisiera estar a tu lado, quisiera abrazarte, besarte, quisiera decirte tantas cosas… A veces me pongo triste, te veo de lejos, quiero acercarme a ti, corro alegre y nunca te alcanzo. Pero a veces me pongo feliz. Hace poco te vi. Estabas con tu familia, creo que era el cumpleaños de alguien de tu casa. Esa noche cantaron, ¡oh! ¡Y qué regalos! Yo tenía en mi mano una cajita llena de rosas, toqué tu puerta, insistí, grité tu nombre, pero creo que -por la música- no me escucharon. Dejé el regalo y me fui feliz porque mis ojos me recordaron que te sigo amando.

Te cuento que conocí nuevos amigos. Aquí se come rico. Eso me gusta. Ya no estoy muriendo de hambre, ni pensando en qué cocinar. Hay una señora, Doña Domitila (gorda y morena) que se encarga de preparar suculentos platos; es buena gente, todos son buenísimos. Creo que me estoy acostumbrando. Al principio me sentía raro, no hablaba con nadie, me sentaba en un rincón y, en esa fría esquina, recordaba los bellos momentos que pasé contigo.

Siempre te recuerdo, creo que eso me mantiene firme. Y cuando estoy triste, busco el consuelo de la luna, de los árboles y cuento a mis lágrimas lo hermosa que eres.

Es la primera carta que te escribo desde que estoy aquí. Discúlpame si no lo hice antes. ¿Me disculpas? ¿Sí?

¡Oye!, me están llamando. Es hora de trabajar, mejor dicho, de ensayar. Hemos formado un nuevo coro con algunos amigos, se llama MIDREY (Mensajeros del Rey). Yo soy tenor (jeje), aunque a veces me salen mis gallitos.

Te escribiré más seguido, ¿ya? Cuídate mucho y recuerda que siempre estaré a tu lado como te prometí, ¿recuerdas?, ¿sí? Siempre estaré a tu lado, y te acompañaré en cada paso que des; si estás triste, haré que sonrías; si sientes frío, te abrazaré; estaré contigo de día, noche y madrugada, cuidándote. Y por favor, ya no llores. ¿Ya?

Vida

Ahora sí, me voy. Gracias por todo y si algún día te hice sentir mal, si algún día me comporté como un idiota, como un tonto, discúlpame.

Siempre doy gracias a Dios porque me permitió conocerte, jamás te sacaré de mi vida. Rezaré por ti, para que tengas muchos años de vida y que nunca se borre aquella hermosa sonrisa que siempre llevabas en el rostro.

Nuevamente me están llamando.
Chau.com

31 de marzo.
Carta escrita desde el cielo

 Un poco de música.

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