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El estudiante mediocre

Quiero presentarles, muy complacido, el siguiente escrito, que sintetiza la vida de aquel que nace, crece y muere como una planta: El estudiante mediocre.

Hombres sin esperanzas, como dice su autor, y que se cobijan en los jardines universitarios a merced de los robustos arboles que le dan sombra. Aquel que tiene la redentora oportunidad de dormir y olvidarse una vez más, que es un estudiante mediocre y que hay una razón más para que el mundo lo deteste.

Saludos desde este blog, Abraham Follano y que el pulso nunca te tiemble para escribir con rigor y firmeza.

EL ESTUDIANTE MEDIOCRE

El estudiante mediocre está a media carrera y leal a su irremediable condición. No le entusiasma seguir, ni mucho menos concluir ese camino.

Se excusa declarando -sin el menor residuo de pudor académico- que la carrera que sigue, el Derecho, lo aburre a morir.

El estudiante mediocre tiene la certidumbre que no nació para las aulas universitarias. Siempre que se ha sentado en una carpeta, rodeado de otras personas de quienes no ha dudado que son superiores a él, oyendo a un profesor (por lo general aburrido) y fijando su miope vista en una pizarra, ha tenido la impecable sensación, que su tiempo se pierde de la forma más tiránica y tediosa. En su caso, el colegio y la universidad, le ha servido y le sirve de poco.

Asiste a diario a su universidad con una resignación secreta a su familia, sólo para que sus padres le sigan manteniendo en su condición parasitaria.

La huelga de catedráticos y la consecuente ausencia de labores, le provoca un mórbido placer; se queda en casa, el tiempo le sobra, y él, halla regocijo, perdiéndolo en su ocio solitario.

Al estudiante mediocre le llegan con puntualidad sindical abundantes correos electrónicos con un homogéneo mensaje: ¡Rechazo a la huelga docente!

El estudiante mediocre es hipócrita, felicita a sus compañeros por su abnegada iniciativa, justifica sus inasistencias de cada sesión, de cada movilización –aduciendo que a esas horas está ocupado en sus prácticas pre-profesionales–. Miente, él no iría aunque tuviese tiempo. Muy por el contrario suele esperar las huelgas con ansiedad egoísta, anhelando además que dure una eternidad.

Tiene un nítido recuerdo: en su época escolar, siempre que anunciaban un feriado gratuito, sea por el onomástico del Director o por la leve gripe de la profesora, él y sus compañeros celebraban enardecidos con la felicidad de reo casi libre, salvo hipócritas excepciones.

Le resulta difícil entender ¿por qué esos compañeros sindicalistas y la gente que asiste a sus convocatorias son poquísimos? ¿Por qué enarbolar con las exageraciones del exhibicionismo un Frente de Estudiantes de corte izquierdista? ¿Por qué no logran nada?

Al estudiante mediocre le hace gracia leer cada chapucería del Frente. Los considera mamotretos provistos de retórica barata, cuyo contenido, no le convence de nobles intereses colectivos, sino de criolla sagacidad, con fingida indignación que les servirá muy pronto de trampolín político para alcanzar sus intereses egoístas.

Al estudiante mediocre le es más fácil entender y comprender plenamente que los alumnos están felices sin ir a la universidad; cree que no ha cambiado la conducta de la época escolar. Sabe además, que es posible que sin ir a la universidad, aprenderá más y mejor;  en todo caso, depende de cada quien.

El estudiante mediocre ha organizado su próximo semestre tomando en cuenta que el próximo será su año sabático.

Ha pedido a los designios del SUDUNSA que reanuden las labores después de su cumpleaños (once de enero).

Espera tener dinero suficiente para pagar el saldo de los cursos reprobados y abandonados del semestre anterior.

Espera que los docentes no pierdan su verano, su reclamo es justo, la  culpa es del Gobierno, por lo mismo, quiere que febrero sea de vacaciones (el estudiante mediocre también quiere ir a la playa).

Se matriculará en todos los cursos que pueda, comprará los sílabos, hará un cálculo de lo estrictamente mínimo que deberá hacer para llegar a los exámenes de aplazados a cuya consecuencia comprará los recibos pequeñitos y verde-esperanzadores por adelantado. Aunque tenga una débil esperanza de aprobar allí.

No plagiará, aunque nunca lo ha hecho, se promete una vez más. Resistir la corrupta tentación, por lo mismo, preferirá desaprobar.

Al estudiante mediocre le alegrará saber que ha aprobado un curso, si son dos, se sentirá exitoso.

No asistirá a clases, aunque allí esté la señorita de quien está enamorado o de quien podría estarlo, mejor escrito, todo depende de los cálculos del sílabo.

En cada examen, salvo los aplazados, salvo que haya estudiado (evento muy improbable), resolverá de la misma manera que en su último semestre: pondrá su nombre, esperará lo que su cobardía le sugiera (casi cinco minutos), entregará un inmaculado examen y mientras sonríe, agradecerá al profesor por su esfuerzo.

El estudiante mediocre es un hombre sin esperanzas, no espera nada de su universidad, no la detesta; al contrario, se siente orgulloso de ella, le agrada sus ambientes, sus edificios monumentales, sus jardines primaverales.

Su “Alma Mater”, le gusta más, ahora, sin alumnos, luce apacible, silenciosa… es cuando el estudiante mediocre de vez en cuando, se cobija feliz, en los jardines universitarios a merced de la mocedad de los robustos arboles que le dan sombra. Puede leer poemas y novelas; garabatear con nimia calidad sus primeros intentos de novel literato; pero sobre todo, mejor que todo eso, tener la oportunidad redentora de dormir y olvidarse una vez más, que es un estudiante mediocre y que hay una razón más (ahora escrita) para que el mundo lo deteste.

 

Abraham Follano.

Escritor de Contranatura.

9 pensamientos en “El Estudiante Mediocre

  1. Lamentablemente la juventud de ahora está sumiso en una mediocridad incurable. alienados, sin compromiso ni aceptación a sus raices. Ni qué hablar de los estudiantes universitarios. Por eso el Perú está como está. VIVA LA REVOLUCIÓN. ES HORA DE DESPERTAR.

  2. Excelente obra, éste mismo articulo, llego a mas de medio centenar de comentarios en la web de contranatura, cuando la huelga nos consumía a todos. Tiene un futuro prometedor, que bueno que se vuelva a tener acceso

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