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Estoy dispuesto a resistir cualquier catástrofe humana. Esperaré desnudo, como vine al mundo.

Mañana el mundo desaparecerá. Ni un herido, ni un contuso, todos muertos. Algunos aseguran que el cielo se abrirá y caerán inmensas bolas de fuego; otros afirman que la tierra se abrirá y caeremos al vacío. Todo ojo lo verá. Ni el llanto más prolongado, ni la desesperada súplica serán escuchadas. Todos moriremos. Por eso, con mis dedos temblorosos, quiero dejar –aún en vida– mi testamento final, mi último escrito, el resumen de mi vida. Seré breve, pues el tiempo se acaba y en breves minutos se cumplirá el Apocalípsis profetizado, hace más de tres mil años, por la gran Civilización Maya.

Debo confesar que de niño tenía pánico a la muerte, me orinaba si alguien fallecía. Ahora, las cosas cambiaron. Comprendí que eso es parte de la vida y por eso estoy dispuesto a resistir cualquier catástrofe humana.

Yo nací un siete de noviembre. Dicen que mi primera palabra fue: “¡ay carajo!”, expresión que luego fortificó mi espíritu rebelde. Cogí mi primer cigarrillo a los cinco años y fumé –para variar– en el baño de mujeres. Ya en el colegio, quisieron expulsarme tres veces por justas razones, pero felizmente, para mi suerte, eso no sucedió. Había que llorar frente al Director, besas sus zapatos y comprometerse públicamente a cumplir todas normas establecidas y obviamente, a limpiar el baño de mujeres por cuatro meses consecutivos.

Fui feliz cuando dejé el colegio y más feliz fui cuando decidí estudiar Periodismo. Mi papá siempre quiso que sea abogado, como el tal Rubén que ahora gana mucha plata en la Corte. Quizá por eso, a tanta insistencia, decidí fregar mi vida y estudiar Derecho.

Fui el “rey” del trompo, de las canicas y de la cometa. Adoré los paseos, los viajes y las aventuras nocturnas junto a mis amigos. Me encariñe de la bebida, del vino y de la cerveza y fumé (hace poco) mi primer porro. Gozo viendo a Los Tres Chiflados y me mato de risa con Los Simpson. Me gusta el ají de gallina y soy prisionero del Facebook. Admiro a la dulce francesa Alizze y quiero hacer ejercicios cuando veo SmackDown. No voté por Ollanta Humala y fui feliz. No sé bailar.

Travesuras hice miles. Me fugué de mi casa en busca de una vida mejor. Retorné luego de treinta días. Me gusta el olor de los libros originales y estoy aprendiendo a tocar guitarra. Me enamoré y fui feliz. Trabajé en algunos diarios de Arequipa y también fui feliz.

¿Que no he vivido? Lo dudo.

Ahora que el mundo se acaba, miro a mi alrededor y no hay nada que dejar, ni herencia, ni bienes materiales. ¿A quién dejaría? Por eso, he decidido, juntar todos mis recuerdos y llevármelos conmigo. Estoy listo, presto y atento a la profecía de Los Mayas. Esperaré desnudo, como vine al mundo.

El cabezón lo tapa todo, no vale... Con algunos amigos de C.C. y docentes agustinos.

El cabezón lo tapa todo, no vale… Con algunos amigos de C.C. y docentes agustinos.

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