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“Mi sueño es ver canonizada a Sor Ana de Los Ángeles”

Nací en Arequipa el primero de agosto 1944. Estudié en el colegio La Salle y luego en la Independencia Americana. Tengo un hijo Cristian Zegarra Dávila y mi esposa se llama Lourdes Dávila. Comencé a trabajar en el diario El Pueblo a los 12 años. Mi padre Luis Zegarra Calderón era periodista deportivo. Estudié Educación en la Universidad Católica Santa María y en la San Agustín. Trabajé en los diarios El Pueblo, La Prensa, Expreso, El Observador, La Crónica (Lima), y Arequipa al día, donde fui Director Escribí, entre otras publicaciones, el libro “Monasterio de Santa Catalina de Sena de Arequipa y Da. Ana de Monteagudo Priora”. Admiro la historia de Arequipa. No me gusta la mentira.

Dante E. Zegarra López

Dante E. Zegarra López

Por: Jasson Ticona (*)

A los 20 años ingresó por primera al Monasterio de Santa Catalina cuando el acceso al público era prohibido. Grande fue su impresión que decidió estudiar la historia de la Beata Sor Ana de Los Ángeles. Escribió un libro de más de 500 páginas y fue él mismo quien le entregó al Papa Juan Pablo II en 1985. Hoy conserva con mucha fe parte de la costilla de Sor Ana. Los médicos le detectaron cáncer, luego asma y vasculitis. Dante asegura que sigue con vida gracias a la mano milagrosa de Sor Ana de Los Ángeles. Dante Zegarra participó de la beatificación de Sor Ana de Ángeles, hace 30 años cuando llegó a Arequipa el Papa Juan Pablo II. Actualmente continúa estudiando la vida de la Beata arequipeña.

¿Cuándo ingresaste por primera vez al Monasterio de Santa Catalina?

Tenía 20 años y era periodista del diario La Prensa. Con el Ministro de Educación, Paco Miro Quesada y tres periodistas más ingresamos al Monasterio. Y el recuerdo que tengo es la imagen de una monjita que iba por delante tocando su campanita y otra con su escoba por atrás iba barriendo nuestros pasos. Era una tradición.

¿Hasta ese entonces el Monasterio permanecía cerrado al público?

Sí. Al Monasterio no se podía ingresar fácilmente. Había que tener la autorización de un Obispo y de la Priora. Recién en 1970 gran parte del convento abrió sus puertas al público.

¿Qué te motivó a estudiar la historia del Monasterio?

Como periodista tenía varios maestros, admiraba a Octavio Trillo del diario El Pueblo y a Ángel Vinicio Cornejo del diario Correo. Ellos hacían crónicas religiosas, eran muy eruditos hasta corregían a los mismos obispos. Ellos eran muy minuciosos en sus trabajos.

Entonces trató de seguir el ejemplo de ellos

Cuando conversaba con ellos nos dimos cuenta que la historia del Perú y de Arequipa estaba plagada de muchos errores y ahí comenzó mi interés por la historia, quería desmitificar algunas cosas. En 1975 se convocó al concurso de periodismo Ulrich Neisser y participamos con un trabajo sobre la historia del proyecto Majes Siguas, pero luego por una serie de cosas que luego nos enteramos, ganó un historiador. En ese tiempo también había el premio de la Fundación Bustamante para historiadores. Entonces nos propusimos ganar ese concurso.

¿Tuvo que aprender paleografía?

Hablé con el director del archivo Guillermo Galdós Rodríguez para aprender paleografía y me puso al mejor paleógrafo Hélard Fuentes Rueda. Así comencé a leer la escritura antigua. Obtuve información documental desde 1552 hasta 1969. Comencé pensando en hacer un trabajo histórico del Monasterio de Santa Catalina y un capítulo de la vida de Sor Ana.

¿Siempre te interesó conocer la vida de Sor Ana?

Respecto a Sor Ana tenía mis dudas, tal vez influenciado por las opiniones de Ricardo y esa profecía que decía que cuando el naranjo florezca de Sor Ana reventará el Misti y esas cosas, pero poco a poco descubrí realmente que Sor Ana tenía todas las cualidades de un Santa, además pude percibir que ya en vida mucha gente en Arequipa la consideraba como a una Santa.

¿Hay testimonios sobre eso?

A mí me obsequiaron un libro de Roma, escrito en italiano y latín, en donde están todos los testimonios de la gente que conoció personalmente a Sor Ana, las cosas que hizo o lo que dijo. Por eso sé que no hubo tal naranjo.

¿Qué es lo que más lo llamó la atención de Sor Ana?

Su humildad, su plena confianza en el Señor, su esperanza, su fe. En cierta oportunidad ella se encontraba haciendo panecillos para la fiesta de los sacerdotes. Se retira un momento y cuando regresa encuentra a sus panecillos quemados. Ella tenía en su horno a la imagen de San Nicolás, su Santo preferido, y le dice: eres un mal santo, cómo permites que se queme mis panes, es mejor que tú lo arregles cuando yo vuelva. Todas las monjas se reían. Y cuando ella regresó los panes estaban doraditos.

¿Cómo recibió la noticia de la beatificación a Sor Ana?

El monseñor Fernando Vargas Ruiz de Somocurcio comentó un año y medio antes de la beatificación, entonces decidí terminar el libro antes de la fecha. El 30 de enero se terminó de imprimir en Lima por la editorial Daza y me enviaron cinco ejemplares para entregar al papa Juan Pablo II.

¿Y qué sintió usted cuando Juan Pablo II beatifica a Sor Ana?

Yo estuve en la misa y fue un estado muy emotivo, una situación especial, de alegría y paz.

¿Usted ya tenía los libros, cómo llegó a las manos de Su Santidad?

Coordinamos con Fernando Vargas y esperé en su casa. Yo estaba agotado, la noche anterior prácticamente no dormí porque estábamos preparando la llegada del Papa Juan Pablo II. Y cuando me acero al Papa para entregarle los libros me quedé sin palabras y caí de rodillas. Nunca pensé arrodillarme. Tenía un discurso preparado en un papel y ni siquiera pude leer.

¿Le dijo algo el Papa Juan Pablo II?

El Papa me bendijo. Monseñor Vargas se puso a mi lado para que el Papa sepa que yo le iba a entregar. Él ya sabía.

Ahora usted tiene un pequeño pedazo de los huesos de Sor Ana

Los restos de Sor Ana se exhumaron. Yo estuve ahí presente y me dieron una pequeña parte de los huesos de Sor Ana. Era parte de su costilla.

Luego a usted le detectaron cáncer, ¿qué paso?

Luego de la beatificación me detectaron cáncer, incluso me brotó por el cuello un tumor. Yo era un fumador empedernido. Cuando me hospitalizaron, pedí a mi esposa que me trajeran los restos de Sor Ana y me lo puse en el cuello y dije: Señor estoy dispuesto a lo que tú digas, pero recuerda que tengo una esposa con problemas de salud y un niño pequeño. Si te haces cargo de ellos, no hay problema. Yo tenía 42 años.

¿Y qué pasó luego?

Me operaron y ahí terminó todo. Yo entré muy confiado a la sala de operación.

¿Considera que fue un milagro?

Sí, fue un milagro, me aplicaron quimioterapia, pero yo abandoné el tratamiento porque no podía resistir. Pero luego tuve otros dos episodios más graves. Uno de asma muy terrible. En un momento sentí que me ahogaba  y solo pude decir: Señor, perdona mis pecados. En ese momento bote un montón de flema. También tuve una vasculitis, me internaron porque estaba muy grave. Un día el médico me dijo: vete a tu casa. Pensé que me decía para que muera tranquilo en mi casa y mira hasta ahora sigo vivo.

¿Y qué significa para usted que se cumplan 30 de la beatificación de Sor Ana?

Nunca pensé que se cumpliría 30 años, pero mi sueño es ver canonizada a Sor Ana de Lo Ángeles. Hay gente que pudiendo dar su testimonio, no lo hicieron. Lamentablemente se ha creado una falsa profecía.

¿Qué significa para usted Sor Ana de los ángeles?

Es mi madrina. Es la mujer más importante de la historia de Arequipa. Sigue presente por 300 años. Es un modelo de vida.

¿Cree que algún día sea canonizada?

Soy estoy seguro que sí y me gustaría estar con vida ese momento.

(*) Entrevista publicada en el diario El Comercio

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